martes, 5 de mayo de 2009

la tregua, mario benedetti

".....lo que pasa con "la tregua", entre otras dificultades, la mayor que tiene es
estar siempre en el filo entre la emoción legítima y una cosa que puede ser
interpretada como cursi" (Mario Benedetti)

En La tregua, Benedetti narra una breve, pero dichosa, etapa en la vida de una hombre maduro deprimido y mediocre, resignado a la fatal monotonía de su existencia.
En el diario de Martín Santomé, un oficinista montevideano que está a punto de cumplir los 50 años, viudo y con tres hijos, relata la historia de un hombre que próximo a jubilarse, encuentra en una joven el reverdecer de sus mejores momentos, en el tedio de la soledad.
Laura Avellaneda, una chica de 24 años, entrega toda su ternura y cariño al hombre temeroso, escrupuloso que ya no espera nada de su paso por el mundo, y que sin embargo es capaz de arraigar sentimientos de amor profundos, que muy pocos en nuestros días tienen el valor de ponerlos en práctica.
El rescate de Avellaneda viene a ser para Santomé una exquisita sorpresa, porque supuso que la jovencita no lo aceptaría y mucho menos le entregaría su amor, sin inhibiciones y de una manera natural y consciente.
Una característica entre los protagonistas de La tregua fue la diferencia de su personalidad, ya que mientras él era un hombre conformista, ella era, aunque tímida, una mujer clara y plena.
Santomé conoce a Avellaneda cuando la muchacha ingresa a trabajar en una oficina contable bajo su mando y de manera repentina se encuentra con que está enamorado de su sonrisa, de su manera de decir, de su forma de hacer.
No sabe cómo actuar frente a esta situación inesperada y, sobre todo, ante la reacción de Avellaneda, y cuando le declara su cariño, ella le contesta que lo sabía y que lo acepta.
Santomé está contrariado por la respuesta afirmativa de su enamorada y reflexiona temeroso sobre el presente que se avecina a sus puertas de manera irrevocable.
"No quiero perjudicarla, ni quiero perjudicarme, no quiero que nuestro vínculo arrastre consigo la absurda situación de un noviazgo tirando a matrimonio, ni tampoco que adquiera el matiz de un programa vulgar y silvestre, no quiero que el futuro me condene a ser un viejo despreciado por una mujer en la plenitud de sus sentidos, ni tampoco que por temor a ese futuro quede yo al margen de un presente como este, tan atractivo, no quiero que vayamos de amueblada a amueblada, ni tampoco, que fundemos un hogar con mayúscula", reflexionó.
Entre sus meditaciones y su miedo transcurren siete meses en los cuales sopesa la situación y decide unirse a Avellaneda a la que le pide matrimonio para ser feliz a su lado en el ejercicio de la sinceridad y la franqueza, que le permite descubrir en sí mismo a un nuevo ser humano.
"Tengo que asirme desesperadamente a esta razonable dicha que vino a buscarme y que me encontró", pensó en los cinco minutos en los que se le aclaró todo, en los que desaparecieron los prejuicios.
Una decisión tardía puesto que culmina con la fatalidad: la muerte de la chica que le abrió el camino real al amor, el amor que no está a la defensiva sino a la felicidad.
"Ella me daba la mano y no hacía falta más. Me alcanzaba para sentir que era bien acogido. Más que besarla, más que acostarnos juntos, más que ninguna otra cosa, ella me daba la mano y eso era amor", se dijo al comprender que Dios le había concedido una tregua, una etapa plena que sólo quedó en el pasado, en el más bello recuerdo de su vida, dejándolo sumido en un destino más oscuro que antes, en un mundo sin interés, en el ocio (Angélica Angel, periodista mejicana)
Aparte de novela, os recomiendo la edición en Cátedra, Letras hispanicas, fué llevada al cine y candidata al Oscar a la mejor pelicula extranjera en 1974





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